Ser

El regalo de Ser Vulnerable

Ser Vulnerable

Ser Vulnerable es una posibilidad de ser heridos, se asocia con sentirnos débiles y representa todo aquello que nos puede poner en riesgo de perder algo: el amor, el prestigio, la estabilidad y hasta la vida.

Desde que somos pequeños y a través de nuestro instinto de supervivencia, aprendimos a defendernos de la vulnerabilidad, a actuar evitando el peligro, a decidir evitando el riesgo, a proyectar lo que podríamos dejar de recibir o de ser si no luchábamos.

En muchos casos aprendimos a disfrazar las emociones, a validar unas y a rechazar otras, o a desconectarnos de lo que sentíamos dándole más valor al pensamiento y al deber ser.

Aprendimos a buscar la seguridad, a tomar decisiones evaluando intelectualmente los hechos para evitar al máximo el fracaso. No queremos sufrir, no queremos sentirnos mal, no queremos equivocarnos, no queremos perder nada, no queremos que algo cambie, no queremos sentirnos vulnerables.

Hemos buscado un sentido y un propósito en las cosas externas, en lograr lo que creemos que nos hará valer; vivimos en una sociedad en la que todo tiene que ser medible para que sea válido, así que aprendimos a creer que si no somos perfectos perderemos nuestro lugar en el mundo, el reconocimiento, el amor o la validación.

Nos esforzamos para estar siempre bien, armónicos, fuertes, estables, felices; y en medio de esa lucha por no sentirnos vulnerables, cuando llegan las emociones o situaciones que no queremos, nos sentimos no suficientes y seguimos luchando para demostrar que si valemos.

Cuando negamos lo que es y lo que somos, estamos negándonos la vida, cuando negamos nuestras emociones no solo limitamos aquellas que consideramos negativas, sino que también nos impedimos expresar la felicidad, la ternura, el amor; dejamos de experimentar la magia de nuestros vínculos, pues tememos pedir ayuda, expresar lo que sentimos por miedo a ser juzgados o mostrar debilidad, atrevernos a amar y a comprometernos en una relación sin necesidad de garantías.

Aceptar que algunas cosas nos duelen, aceptar que nos da miedo, aceptar que tememos al futuro, aceptar que las cosas pueden cambiar y no por eso dejamos de valer, es un reto en el trabajo emocional. Luchamos con mucha fuerza para no parecer débiles, para no perder, pero en realidad somos vulnerables y no hay nada que podamos hacer para evitarlo.

Lo único constante es el cambio, la energía nunca se queda quieta y siempre se transforma. La realidad es que, aunque queramos impedirlo o lo neguemos, experimentamos miles de emociones, en algunas ocasiones tomaremos decisiones que nos llevaran a un resultado que no queremos, muchas de las relaciones que tenemos en un futuro no existirán, y nuestros seres queridos dejaran de existir en este plano al igual que nosotros, todo puede cambiar, nada es estático.

Y aunque este sea uno de nuestros mayores miedos, el reconocer nuestra vulnerabilidad nos devuelve poder, nos permite entender que solo el presente es real, y que mientras dejemos de luchar contra nuestra propia naturaleza, podremos vivir más plenamente.

Reconocer que somos vulnerables nos da la posibilidad de disfrutar del momento presente, de elegir a que queremos ponerle nuestra energía y atención, de expresar lo que realmente sentimos en el momento indicado, de entender que la certeza no es la seguridad de que una decisión nos llevará al resultado que queremos, sino que en el momento en el que decidimos estamos siendo coherentes con quienes somos, nuestras intenciones y la voz de nuestro corazón.

Somos perfectamente imperfectos, y no necesitamos cumplir con todo el listado de las cosas que para la sociedad están bien para valer, este reconocimiento parte del amor propio, de la compasión consigo mismo, de reconocer que valemos más allá de nuestros miedos y temores.

En mi propio camino a través de la vulnerabilidad, me di cuenta del juicio implacable sobre mí misma, me juzgaba por sentir cosas que creía no eran buenas, desde pequeña me costó permitirme el sentir rabia, reconocer que no podía hacer ciertas cosas; aprendí a justificarme y a excusarme por no ser perfecta o no hacer lo que los demás esperaban de mí.

La conexión con la vulnerabilidad y el aceptarla, me ha llevado a transformar mi relación conmigo misma y con los demás. Estar en un escenario a punto de dar una conferencia me da miedo, y cuando les cuento a mis interlocutores que tengo miedo, que me da miedo que me juzguen, que siento miedo a equivocarme y a no decir lo correcto, siento que me abro y que reconozco que lo mejor que tengo para dar es lo que soy.

Ser vulnerable me hace sentir viva, reconocer que tengo miedo y no juzgarme por eso me conecta con el amor, reconocer que no sé cómo hacer algo me lleva a pedir ayuda, entender que todo puede cambiar me lleva a conectarme con el presente y a disfrutarlo más plenamente. He aprendido a ver la belleza en la vulnerabilidad, a reconocer lo que soy a través de ella y a ver la humanidad de los demás.

La vulnerabilidad nos da confianza, pues sabemos que nuestra única verdad y destino es el cambio, y que lo que tememos perder hace parte de nuestro camino y de nuestra experiencia, pero lo que queda más allá de eso, por lo cual valemos, es lo que somos en esencia.

Para comenzar a entrar en contacto con tu vulnerabilidad, conecta con tus emociones sin juzgarlas. Acepta eso que sientes quitándole la etiqueta de bueno o malo y comienza a disfrutar del regalo de la vulnerabilidad: la vida misma.

Reconocernos vulnerables nos devuelve el poder personal que hemos perdido al entregar nuestro valor al juicio externo, cuando reconocemos nuestra vulnerabilidad no podemos perder pues entendemos que lo verdaderamente esencial es eterno.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *