Propósito

¿Cómo reconocer tu misión de vida?

Todos queremos saber reconocer nuestra misión de vida, qué es lo que dice en el libro de la vida que se supone que deberíamos hacer....

 
Buscamos las respuestas en maestros, filosofías de vida, oráculos, terapeutas, guías.
Yo también busqué esa respuesta, cuando estuve tan incómoda con lo que hacía, busqué en muchos caminos para poder saber cuál era mi misión de vida, cuál era mi propósito, insistía en que alguien con más sabiduría que yo me lo dijera para poder saber que hacer en medio de mi confusión. Hoy siento que en en el fondo siempre sabemos quienes somos y que queremos y aunque en la mayoría de los casos no sea algo consciente, esa información se esconde muchas veces detrás del miedo. Después de tanto buscar, hoy en día también siento que tal vez no tengamos una misión que cumplir, más allá de permitirnos ser nosotros mismos y expresar eso que somos en el mundo.
 
La exigencia, las expectativas, el sistema de creencias, los parámetros sociales y familiares, la necesidad de ser validados por el afuera, el no creernos lo suficientes, el miedo a perder y a quedarnos solos, impide que nos conectemos con lo que somos en esencia, y con ese camino que resuena con nuestra alma.
Me imagino a las almas eligiendo a sus padres antes de nacer, proyectando su energía en un cuerpo físico, y con la claridad del propósito de hacer esta experiencia.
 
Creo que siempre lo sabemos, como almas lo tenemos claro, pero cuando el velo de la densidad en esta dimensión física nos nubla el reconocimiento de nuestra esencia divina, las creencias y patrones establecidos, y la forma en la que aprendemos a vivir, hace que nos desconectemos de nosotros mismos.
 
Olvidamos nuestra misión, lo que vinimos a ser, y muchas veces nos perdemos en la exigencia, el deber ser y las expectativas. Ignoramos nuestro propósito y tratamos de buscarlo en el hacer. Creemos que nuestras profesiones o roles nos darán una identidad, un camino, un sentido de vida.
 
Pero ese propósito no tiene nada que ver con ser presidente, reina, gurú, matemático, o terapeuta, sino con hacer el aprendizaje necesario para reconocernos como seres divinos. Los roles son simplemente medios a través de los cuáles expresamos lo que somos.
 
A lo largo de los años, de las experiencias, de mi propia búsqueda, he comprendido que mi propósito, igual que el tuyo, es SER. Es permitir a esa fuerza, a esa voz que surge cuando entramos en silencio, a ese fuego interno expresarse. El propósito es dejar ser al corazón, pararnos allí, sentir su latido, y dejar que actúe. Nuestro propósito es Ser. Y cuando nos permitimos ser, ese rol, tarea o papel a través del cuál el alma necesita expresarse, simplemente se da.
 
La vida es un camino de aprendizaje, el destino no es más que la expresión de eso que tal vez necesitamos aprender para seguir conectándonos con la conciencia de nuestra esencia divina; y aprendemos a través del reconocimiento y la transformación de nuestras emociones.
 

 

 Nuestra misión es ese rol, esa forma en la que podemos usar todo ese aprendizaje, en una forma que nos apasione, que sea divertida, que sea fluida y a través de la cuál podamos compartir con el mundo lo que ya es en nosotros.

 
Entre más busquemos en respuestas externas nuestra misión o propósito, más nos alejamos de nosotros mismos. Si hacemos consciencia de que en el corazón habita ese propósito y nos dejamos guiar por él en el momento presente será siempre más fácil retomar el camino del alma.
 
Así que para reconocer cuál es esa misión de vida, darte el permiso de ser es importante ser consciente de las cosas, emociones, situaciones, personas, y acciones con las que te expandes. Es cuestión de observarte.
 
Es importante que te hagas cargo de tu propio bienestar, parte de esa consciencia está en el reconocer que te hace bien, que te nutre y aprender a discernir para poder elegir. No siempre te nutrirá lo mismo, la vida no es estática, está en movimiento y cambio constante.
 
  • Así como la semilla necesita nutrición y cuidado para florecer, tu también lo necesitas. ¿Te lo das?
  • Así como la flor necesita amor para mantenerse viva, tu también lo necesitas; ¿te lo das?
  • Así cómo el árbol necesita un espacio libre para expandirse, tu también lo necesitas; ¿lo cuidas?
  • ¿Cuál es el espacio en el que floreces?
 
Encárgate de crearlo, nutrirlo y dártelo. Lo primero que puedes hacer para transformarlo es cambiar el punto de vista. No decir por ejemplo ‘nunca tengo tiempo para mí’ sino  reconocer: ‘no me doy el tiempo para mí.’ Así la responsabilidad no es del tiempo sino tuya y puedes comenzar a hacerte cargo. Comenzando por ahí, conéctate con tu corazón, con lo que necesitas de ti y comienza a dártelo, pues nadie más lo hará por ti.
Tu misión, que es ser tú, se esconde detrás de tus experiencias de vida:
 
  • ¿Estás siendo consciente en tu vida cotidiana de las cosas, personas, lugares, actividades y situaciones que expanden tu energía y las que la contraen?
  • ¿Reconoces las emociones en ti que te limitan o que te abren a la vida?
  • ¿Puedes decir no a los vínculos o relaciones tóxicas de las que a veces es mejor alejarse?
  • ¿Te das el espacio de hacer lo que realmente te gusta y disfrutas?
  • ¿Te das tiempo y energía a ti mism@?
 
Para saber cuál es tu misión, conéctate con estas preguntas, con lo que necesitas para expandirte, toma el aprendizaje que te han dejado tus experiencias de vida, reconoce que cosas disfrutas hacer y junta todo esto para compartir con el mundo tu ser.
 
Todos tenemos una magia, todos canalizamos la conciencia divina de diferentes maneras, todos somos un aspecto Divino. Date un espacio, entra en silencio y deja que la vida sea a través de ti.
 
 

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